
En España se localizan entre 4.000 y 6.000 artefactos explosivos al año. El último neutralizado por la Benemérita estaba en Calamonte.
Hace dos semanas, un viandante que paseaba por el paraje conocido como ‘camino del Pilón’, en el término municipal de Calamonte, se topó con un objeto oxidado pero claramente peligroso. Se trataba de un proyectil de artillería completo (proyectil + vaina) de calibre 65 mm, de fabricación italiana y destinado a cañones de montaña, datado en la Guerra Civil Española (1936-1939). La Guardia Civil fue alertada de inmediato, activó el protocolo de seguridad, acordonó la zona y estableció un perímetro de protección. Los especialistas analizaron el artefacto in situ y lo desactivaron de forma controlada en el mismo lugar, evitando cualquier traslado innecesario.
Calamonte se encuentra a escasos kilómetros de Mérida, en plena comarca de las Vegas Bajas del Guadiana. Este no es un caso aislado: la zona de la capital extremeña y el norte de la provincia de Badajoz es una de las ‘zonas calientes’ donde más restos bélicos de la contienda siguen saliendo a la luz, incluso 87 años después del fin de la guerra.
Durante la Campaña de Extremadura de agosto de 1936, las columnas del Ejército de África (legionarios y regulares) avanzaron desde Sevilla hacia Madrid a través de la región, conquistando Mérida el 10 de agosto y Badajoz días después. La zona fue escenario de combates intensos, bombardeos y posiciones de artillería. Se emplearon proyectiles de calibres variados (desde 65 mm italianos hasta 105 mm o 150 mm), granadas de mano y mortero, tanto de fabricación nacional como italiana y alemana. Muchos no explosionaron y quedaron enterrados en campos, caminos y fincas agrícolas. Las lluvias, las labores del campo o simplemente el paso del tiempo los sacan a la superficie.