
La visita de Manuel Roig-Franzia a la capital extremeña estaba prevista para dos horas y terminó durando cinco entre el Puente Romano, la Alcazaba, el Teatro Romano y la Plaza de España
Mérida tiene esa capacidad de romper cualquier previsión cuando quien llega se deja llevar por la ciudad. Le ocurrió a Manuel Roig-Franzia, reportero de The Washington Post, que aterrizó en la capital extremeña para una visita de dos horas y terminó dedicándole cinco. Entre el Puente Romano, la Alcazaba, el Teatro Romano y una buena conversación, la antigua Augusta Emerita volvió a demostrar que todavía puede sorprender incluso a quien está acostumbrado a mirar el mundo para contarlo.
La historia la cuenta Francisco Rodríguez Jiménez, profesor de la UEx y también en Global & International Studies, que contactó con la guía local trinidadandco.turismo para organizar la visita de su amigo estadounidense. Aquel visitante no era un turista cualquiera: era un periodista de un gran diario norteamericano que quería conocer la capital autonómica con tiempo, sin quedarse solo en la postal. Lo que empezó como una ruta guiada acabó derivando en una charla larga sobre arqueología, identidad, gastronomía y esa forma que tiene la localidad de enseñar su grandeza sin levantar la voz.